La verdadera felicidad no proviene de nada fuera de mí. Rebosa y se derrama de un manantial interno de gratitud y felicidad. La vida puede tener retos y situaciones que están más allá de mi control, pero siempre puedo encontrar razones para celebrar y elegir estar lleno de alegría. Comienzo conectándome con mi corazón. Inhalo y percibo la actividad del Espíritu. Paso a un espacio de gozo, consciente de mi Fuente —la vida en toda célula de mi cuerpo. Al exhalar, descanso y dejo ir. Tomo un momento para comprender conscientemente: Dios es todo. No hay lugar donde Dios no esté. Las cosas del mundo pasarán, pero el Espíritu es eterno.
Texto devocional: ¡Alégrense y regocíjense en el Señor! Y ustedes, los de recto corazón, ¡canten todos llenos de alegría!—Salmo 32:11
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